wanderlust.
miércoles, 1 de junio de 2016
Piccola voglia di sentire
Y es que, a pesar del tiempo que ha pasado, sigo preguntándome "qué hubiera pasado si"... Si me hubiera quedado junto a ti, si hubiera hecho caso a mi corazón y no a mi cabeza. Quizás hubiera terminado todo mal. O quizás no. Quizás por eso me sigo acordando de ti, porque necesito sentir(te cerca). O simplemente necesito encontrarte de repente en mitad de la ciudad y ver qué pasa, si me da un vuelco el corazón o no siento nada. Porque tengo miedo. Miedo a que me de un vuelco el corazón si te encuentro en mitad de la ciudad. Miedo a que me guste. A que me gustes. ¿Se está preparado para algo así? A encontrarte de repente, al cruzar una calle o girar una esquina. La verdad es que yo no tengo ni idea. Ni idea de si quiero verte de nuevo, de si sigo sintiendo algo o si simplemente son paranoias temporales que aparecen estacionalmente en mi cabeza para confundirme. O confundirte. Porque te veo en cada esquina, en cada escaparate, cada cruce instintivo de miradas. Te veo, y no puedo evitarlo. Igual por eso el destino nos ha separado. Igual por eso tu no estás ya en Madrid y yo he aparecido en el rincón más remoto del mundo. Para no ver(te), no sentir(te), no amar(te).
martes, 23 de febrero de 2016
echar(te) de menos.
Qué malo es echar de menos. Qué malo es estar incesantes horas pensando en ti. En tu cabello. En tus ojos. En tu caminar. En los pequeños recovecos de tu cuerpo. En tus esquinas. En tus miradas. En tus manos. En tu cuerpo delgado. Porque estamos lejos. Muy lejos. Lejos de la rutina. Lejos de un café y unas risas. Demasiado lejos para sentirte cerca mía. Demasiado lejos de... todo. Lejos incluso de los recuerdos. De tus punteos de guitarra. De tu voz medio ronca, que poco a poco me eclipsaba. Lejos de tu sonrisa medio torcida que tanto me gustaba. Y de repente no se nada. Nada de ti, de tus punteos, de tus manos, de tu cuerpo delgado, de tu risa... nada. De repente no se me eriza más la piel.
De repente ya no se qué hacer.
De repente ya no se qué hacer.
De repente...
lunes, 17 de agosto de 2015
Weg.
Realmente pensaba que no iba a acabar escribiendo sobre ti. Que todo iba a ir bien o que simplemente no le iba a dar tanta importancia al asunto. Porque no la tiene. O más bien, no la tienes. No escribo cual resentida, no te odio por nada, no es propio de mi odiar a nadie. Prefiero dejar de darle importancia a las cosas que no la tienen y por eso mismo prefiero dejar de pensar en ti. Dejar de pensar en tus ojos azules, en lo agusto que en realidad estoy contigo, pero sobre todo dejar de pensar en tus excusas baratas y en tus ganas de no hacer nada. Lo siento pero me aburres. Porque lo que yo espero de una persona es hacer viajes, correr mil aventuras y tener siempre algo que hacer, aunque sea estar tranquila pero con la persona adecuada. Algo distinto a estar siempre encerrada entre las cuatro paredes que me rodean cada día. Así que lo siento, mis ganas de vivir la vida me impiden volver a encontrarme contigo. Por eso me voy, pero no porque esté huyendo de ti y de todo lo que me pueda recordar a tu persona. No. Me voy porque si, porque me esperan mil millones de cosas que vivir y tu, lo siento pero no estas entre ellas.
Eso si, a pesar de que ya no eres nadie importante para mi, he tardado casi dos meses en publicar esta entrada. Porque en realidad, haga lo que haga, sigues ahí.
Aunque no sea como yo esperaba.
Eso si, a pesar de que ya no eres nadie importante para mi, he tardado casi dos meses en publicar esta entrada. Porque en realidad, haga lo que haga, sigues ahí.
Aunque no sea como yo esperaba.
viernes, 24 de abril de 2015
"Si cada vez que vienes me convences, me abrazas y (no) me hablas de los dos."
Esta no es una historia triste, ni alegre, ni acabada, ni empezada.
Es una historia de dos personas diferentes pero al mismo tiempo tan similares que a veces podían incluso confundirse. Dos seres que dejaron todo pasar por miedo al "qué dirán", a lo incierto, por miedo a amarse. Miedo a que fuera a más. Miedo a que la distancia los destrozase por dentro. Miedo a que el otro no sintiera lo mismo, a pesar de saber que eso era imposible. Miedo a sus propios sentimientos. Dos personas que, a pesar de parecer conocer a la perfección cada milímetro de su pensamiento, se mostraban como desconocidos en la inmensidad del vacío existente entre ambos países que los separaban.
Pero volverte a ver ha hecho que mi corazón pegue un vuelco de nuevo. Me ha hecho sentir. Sentir cada palabra, cada canción, cada punteo de guitarra, cada mirada, cada caricia en mi pelo y en mis pequeñas manos que tanto te echaban de menos.
¿Porqué tantas inseguridades?
¿Porqué no convencerte de lo que es cierto y dejar el mundo de lado?
¿Porqué no expresar de una vez por todas nuestros sentimientos? Está claro porque.
Porque te has vuelto a ir. Después de esa eternidad sin vernos, el tiempo ha decidido no detenerse más y volver a la rutinaria verdad. Porque ahora vuelve otra inmensidad que ninguno de los dos sabe cuando va a dejar de ser para dejarnos ser.
Porque quiero volver a fundirme en un abrazo tuyo.
Porque puede que no lo sepas, pero solo con tu mirada me tienes ganada.
viernes, 10 de abril de 2015
¿te atreves?
Todo surge siempre en un instante. Un instante que parece hacerse eterno. Pero no una eternidad de esas que quieres que acaben, sino de esas que te sorprenden y te hacen tener mariposas en el estómago. De esas de las que disfrutas.
De repente todo cambia.
En ese mínimo instante, esa mirada, esa sonrisa, ese pequeño 'hola'... Ahí empieza todo a cambiar. Y es que hacia tiempo que no sentía algo así. Esa sensación que piensas que ocurre pocas veces, pero es que realmente se siente en el momento más inesperado. Cuando menos te lo esperas, ahí esta. Y es en ese momento en el que el tiempo se para cuando piensas '¿te atreves?' Ahí empieza el juego. Porque realmente todo es un juego. Un juego de miradas, de sonrisas, de palabras que se entrelazan y empiezan a evolucionar en esas 'mariposas' que se revolucionan dentro de tu barriga y te hacen perder los nervios. Porque lo sabes. Sabes que nada más verlo te pones tan nerviosa que podrías ponerte a saltar y no parar hasta el anochecer. O hasta que volviera a amanecer. (Pero 'no es plan').
Y después aparecen las dudas. Siempre has sido esa 'pequeña de las dudas infinitas' de la que habla José Chino. Te encanta soñar, imaginarte cualquier historia encantada donde no se sabe si el final será feliz o trágico. Te encanta perderte en la inmensidad de una mirada o adentrarte en los recovecos de una sonrisa y quedarte a dormir allí dentro hasta no poder más. Te encanta que te hagan sonreír. Porque cuando alguien te hace reír desde el primer momento, te tendrá para siempre ganada.
Pero empieza a 'atreverte' de una vez. ¿Porque te cuesta tanto adentrarte en esas sonrisas o perderte en esas miradas? ¿qué esperas? Al final solo los valientes son los que ganan, los que lo ponen todo en juego y se dejan la piel. O puede que no ganen lo que esperaban, pero aprenden. Aprenden a caerse. Aprenden a dejarse llevar. Aprenden a atreverse. Entonces solo queda volver a preguntarse '¿te atreves?'. Asómbrame.
domingo, 4 de enero de 2015
De sonrisas perdidas.
"Me encanta tu sonrisa".
Ayer me dijiste eso, que te encantaba mi sonrisa. Ayer justo me dijiste que te transmitía felicidad, que soñabas con verla alzarse cuál pájaro en el cielo. Ayer también me dijiste que me echabas de menos. Ayer pensaba que era por mi culpa, que no quería por el miedo a que te encantase verme y a que te enamorases de mi sonrisa que se alza cuál pájaro. Miedo a que todo se acabase de repente, sin previo aviso, sin contar hacia atrás desde tres. Miedo a que todo se quedase en cenizas y que el fénix no resurgiera jamás de ellas para volver a alzarse al cielo. Pero ahora todo ha cambiado. Porque el querer (o no querer), desgasta.
Porque al fin y al cabo ambos buscábamos vicios distintos y al final el pájaro decidió volar y no convertirse en ave fénix para volver a nacer. Porque cuando luchas por algo y no consigues nada, al final, esas sonrisas mías que tanto te gustaba que floreciesen acaban perdiéndose en el abismo de las reliquias que forman el pasado de mi presente futuro.
Ayer me dijiste eso, que te encantaba mi sonrisa. Ayer justo me dijiste que te transmitía felicidad, que soñabas con verla alzarse cuál pájaro en el cielo. Ayer también me dijiste que me echabas de menos. Ayer pensaba que era por mi culpa, que no quería por el miedo a que te encantase verme y a que te enamorases de mi sonrisa que se alza cuál pájaro. Miedo a que todo se acabase de repente, sin previo aviso, sin contar hacia atrás desde tres. Miedo a que todo se quedase en cenizas y que el fénix no resurgiera jamás de ellas para volver a alzarse al cielo. Pero ahora todo ha cambiado. Porque el querer (o no querer), desgasta.
Porque al fin y al cabo ambos buscábamos vicios distintos y al final el pájaro decidió volar y no convertirse en ave fénix para volver a nacer. Porque cuando luchas por algo y no consigues nada, al final, esas sonrisas mías que tanto te gustaba que floreciesen acaban perdiéndose en el abismo de las reliquias que forman el pasado de mi presente futuro.
lunes, 17 de noviembre de 2014
¿Y qué pasa?
¿Qué pasa cuando lo único que tienes que hacer es esperar?
¿Qué pasa cuando todo cuanto te rodea son incertidumbres?
A veces me gustaría pensar que no voy a "darle vueltas" a los temas que se pasean por mi cabeza. Porque a veces incluso deciden quedarse un tiempo allí, esperando volverme loca (o pretendiendo que lo parezca).
A veces me gustaría saber qué es lo que en realidad está pasando. Si realmente lo que ocurre a mi alrededor merece la pena. Porque claro, ¿quién dicta qué merece la pena?
Sólo el tiempo es el que hace ver qué es lo que realmente importa y lo que no, o puede que no sea ese el motivo.
Puede ser que sólo sea mi cabeza hecha jirones por tu comportamiento, que me hace pensar que te importo y no al mismo tiempo, o puede que el problema sea yo misma, que no puedo parar de pensar en "lo que podría ser".
¿Y qué pasa si nada "llega a ser"? ¿Qué pasa si en el instante en el que se encuentran nuestras miradas, no quiero verte más? Pero realmente, ¿qué pasaría si en el momento en el que volviera a mirar a esos grandes ojos castaños, no volviera a olvidarme de ti?
Me gustaría saber qué piensas, e incluso a veces me gustaría poder teletransportarme a tu cabeza para saber con exactitud qué quieres decirme realmente en cada momento y terminar de una vez con este tema.
Pero más aún me hubiera gustado haber estado dentro de tu pensamiento en aquella despedida. O a lo mejor no. A lo mejor no me hubiera gustado lo que había ahí dentro.
¿Qué pasaría si...? ¿Alguna vez te lo has planteado o soy la única loca aquí?
Puede ser que sea eso, que no estoy tan cuerda como me gustaría. Pero en este mundo de locos, ¿qué pasa si yo también lo estoy un poco?
Me gusta hacer cosas que los demás no esperan.
Una vez, en Berlín, encontré un pedazo del antiguo muro mientras paseaba por la ciudad. En ese muro había un mensaje de Spinetta: "Yo sé que harías largos viajes por llegar".
En ese momento alguien me preguntó qué haría yo por llegar. ¿Llegar a dónde? ¿Llegar a qué? Me dio igual. Yo lo haría todo.
Viajaría miles de kilómetros, recorrería el mundo entero y más solo "por llegar" y poder ver y saber por fin "lo que pasaría". Yo sí haría largos viajes por llegar.
¿Y qué pasa si has vuelto? ¿Y si ya no hay largos viajes?
Nada. No pasa nada. Porque en asuntos de dos, no es solo uno el que decide.
Porque si algo tiene que ser, será.
De cualquiera de las maneras.
¿Y si lo que quieres es correr riesgos? Córrelos.
Lo más rápido posible.
Hasta alcanzar la meta y más.
Porque no hay nada peor que darte de bruces contra el muro más alto y grueso, pero al menos lo has intentado.
Eso si, hazlo solo si merece la pena ver "lo que pasa".
¿Qué pasa cuando todo cuanto te rodea son incertidumbres?
A veces me gustaría pensar que no voy a "darle vueltas" a los temas que se pasean por mi cabeza. Porque a veces incluso deciden quedarse un tiempo allí, esperando volverme loca (o pretendiendo que lo parezca).
A veces me gustaría saber qué es lo que en realidad está pasando. Si realmente lo que ocurre a mi alrededor merece la pena. Porque claro, ¿quién dicta qué merece la pena?
Sólo el tiempo es el que hace ver qué es lo que realmente importa y lo que no, o puede que no sea ese el motivo.
Puede ser que sólo sea mi cabeza hecha jirones por tu comportamiento, que me hace pensar que te importo y no al mismo tiempo, o puede que el problema sea yo misma, que no puedo parar de pensar en "lo que podría ser".
¿Y qué pasa si nada "llega a ser"? ¿Qué pasa si en el instante en el que se encuentran nuestras miradas, no quiero verte más? Pero realmente, ¿qué pasaría si en el momento en el que volviera a mirar a esos grandes ojos castaños, no volviera a olvidarme de ti?
Me gustaría saber qué piensas, e incluso a veces me gustaría poder teletransportarme a tu cabeza para saber con exactitud qué quieres decirme realmente en cada momento y terminar de una vez con este tema.
Pero más aún me hubiera gustado haber estado dentro de tu pensamiento en aquella despedida. O a lo mejor no. A lo mejor no me hubiera gustado lo que había ahí dentro.
¿Qué pasaría si...? ¿Alguna vez te lo has planteado o soy la única loca aquí?
Puede ser que sea eso, que no estoy tan cuerda como me gustaría. Pero en este mundo de locos, ¿qué pasa si yo también lo estoy un poco?
Me gusta hacer cosas que los demás no esperan.
Una vez, en Berlín, encontré un pedazo del antiguo muro mientras paseaba por la ciudad. En ese muro había un mensaje de Spinetta: "Yo sé que harías largos viajes por llegar".
En ese momento alguien me preguntó qué haría yo por llegar. ¿Llegar a dónde? ¿Llegar a qué? Me dio igual. Yo lo haría todo.
Viajaría miles de kilómetros, recorrería el mundo entero y más solo "por llegar" y poder ver y saber por fin "lo que pasaría". Yo sí haría largos viajes por llegar.
¿Y qué pasa si has vuelto? ¿Y si ya no hay largos viajes?
Nada. No pasa nada. Porque en asuntos de dos, no es solo uno el que decide.
Porque si algo tiene que ser, será.
De cualquiera de las maneras.
¿Y si lo que quieres es correr riesgos? Córrelos.
Lo más rápido posible.
Hasta alcanzar la meta y más.
Porque no hay nada peor que darte de bruces contra el muro más alto y grueso, pero al menos lo has intentado.
Eso si, hazlo solo si merece la pena ver "lo que pasa".
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