martes, 23 de febrero de 2016

echar(te) de menos.

Qué malo es echar de menos. Qué malo es estar incesantes horas pensando en ti. En tu cabello. En tus ojos. En tu caminar. En los pequeños recovecos de tu cuerpo. En tus esquinas. En tus miradas. En tus manos. En tu cuerpo delgado. Porque estamos lejos. Muy lejos. Lejos de la rutina. Lejos de un café y unas risas. Demasiado lejos para sentirte cerca mía. Demasiado lejos de... todo. Lejos incluso de los recuerdos. De tus punteos de guitarra. De tu voz medio ronca, que poco a poco me eclipsaba. Lejos de tu sonrisa medio torcida que tanto me gustaba. Y de repente no se nada. Nada de ti, de tus punteos, de tus manos, de tu cuerpo delgado, de tu risa... nada. De repente no se me eriza más la piel.
De repente ya no se qué hacer.
De repente...