Me gustaba cuando aparecías de la nada y cuando intentabas cogerme de la mano mientras paseábamos, a pesar de que me parecía extraño. Me gustaba cuando movías tu flequillo (ese que formaba parte de ese peinado tan extraño que llevabas y que tanto cambiabas) y me decías que querías que creciese ya para que no molestase más pero que a la vez te encantaba. Me gustaba cuando me cogías las manos y me decías que eran diminutas mientras las comparabas con las tuyas, palma con palma. Me gustaba que me dijeras que olía bien, que te gustaba mi perfume. Me gustaba cuando me mirabas con esos ojos grandes color cacao y me dabas un beso en la frente mientras me abrazabas. Me gustaba cuando me decías que era muy bajita (realmente me encantaba). Me gustaba cuando te hacías el "machote" y decías que me ibas a proteger de cualquier miedo que me acechase (sobretodo con las películas, sabías que me daban miedo todas). Me gustaba cuando soñábamos con estar en mil lugares a la vez, cuando permanecíamos quietos abrazándonos en la orilla del mar y parecía que el tiempo no pasaba (aunque de repente eran las tres de la mañana). Me gustaba cuando me acompañabas a casa, pese a que vivía en la dirección opuesta a la tuya, y en el camino decías cualquier tontería para intentar sacarme una sonrisa, aunque eso nunca es difícil y menos si estoy contigo. Me gustaba cuando nos recorríamos la ciudad a ciegas mientras nos invadía el olor a sal y la brisa marina. Me gustaba que te quejases por cualquier cosa, haciendo ver que necesitabas que te mimase. Me gustaba tu indecisión, aunque en algunos casos me ponías de los nervios porque podías llegar a ser más indeciso que yo (y eso es demasiado). Me gustaba cuando me contabas algunas anécdotas con tus amigos, por muy estúpida que fuera. Siempre respondía que estabas loco.
Porque me encantaba tu locura.
Pero sobretodo me gustaban tus lunares. Cada uno de ellos. En especial me gustaban esos del cuello, aquellos en los que me fijé desde el primer instante en que te vi en mitad de toda esa gente con esa botella de vino barato que sujetabas con una de tus manos. Esos lunares que parecían estar alineados en tu garganta y que no podía dejar de mirar, esos que aún ahora me siguen recordando a ti. A pesar de que estés lejos. A pesar de que no te vuelva a ver pero no pueda olvidarte.
A pesar de que te hayas marchado para siempre.