"Me encanta tu sonrisa".
Ayer me dijiste eso, que te encantaba mi sonrisa. Ayer justo me dijiste que te transmitía felicidad, que soñabas con verla alzarse cuál pájaro en el cielo. Ayer también me dijiste que me echabas de menos. Ayer pensaba que era por mi culpa, que no quería por el miedo a que te encantase verme y a que te enamorases de mi sonrisa que se alza cuál pájaro. Miedo a que todo se acabase de repente, sin previo aviso, sin contar hacia atrás desde tres. Miedo a que todo se quedase en cenizas y que el fénix no resurgiera jamás de ellas para volver a alzarse al cielo. Pero ahora todo ha cambiado. Porque el querer (o no querer), desgasta.
Porque al fin y al cabo ambos buscábamos vicios distintos y al final el pájaro decidió volar y no convertirse en ave fénix para volver a nacer. Porque cuando luchas por algo y no consigues nada, al final, esas sonrisas mías que tanto te gustaba que floreciesen acaban perdiéndose en el abismo de las reliquias que forman el pasado de mi presente futuro.
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